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El otro día salí a comer con mi familia a un lugar que hace algún tiempo nos veníamos antojando…
Escuchamos en la radio “Classica” de mi amigo Reyes Seleme la entrevista que le hicieron los gauchitos de “Radio Placer” a un señor y su socio que acababan de abrir un restaurante en una casa muy antigua. Los entrevistados eran Javier Libera y Jacobo Zapata quienes llevaron al programa una de las recetas que se servirían en el nuevo boliche. Por la manera de describir que tienen los de Radio Placer, mi esposa y yo nos dijimos “Tenemos que ir a probar esa comida” hasta que, por fin, lo hicimos.
Fuimos atendidos por Jacobo (creo) y si no era él entonces el mesero estaba MUY bien instruido en la manera en que se debe tratar a los clientes de un restaurante. Muy amable y sonriente nos ubicó en nuestra mesa comentando sobre cuáles eran las mejores mesas e incluso cuál era la mesa más adulada del lugar (pero como éramos muchos no la pudimos ocupar). Una vez ubicados y sentados, nos presentó las opciones del menú del día describiendo los diferentes platos y aconsejándonos sobre cuáles le parecían las mejores opciones, siempre en un tono amigable y muy educado; hasta parecía que la ley de la hospitalidad no había sido abrogada todavía en los restaurantes cruceños.
Luego nos trajo la jarrita de chicha que ordenamos junto con los cubiertos y demás implementos y puso la mesa a tiempo de comentarnos sobre el local: que la casa había sido construida en 1876 (creo que era esa la fecha que indicó), que la restauraron lo mejor que pudieron conservando todo lo que pudieron conservar y lo que tenía que ser reemplazado por el deterioro que había sufrido lo hicieron con material de otra casa centenaria que había sido demolida recientemente. Nos explicó cómo el piso tenía los ladrillos originales, la mayoría de las vigas, horcones y pilares. Y hasta el aljibe que le da el nombre al lugar era propio y original de la casa.
Cuando nos trajo nuestras órdenes (en una espléndida vajilla que nos encantó) nos dispusimos a probar la comida… como era hora de almuerzo el primer plato era sopa, la del día: Sopa de Fideos, nada del otro mundo (sin duda) ¡Pero qué buena estaba! Realmente rica la sopita, mejor dicho: “linda” para ser una simple sopa de fideos.
Los segundos que probamos (porque probamos de cada plato) estaban a cuál supera el anterior ¡Cierto!
Mi esposa pidió Pastel de Gallina, tenía hasta uvas pasas y plátano, ella estaba extasiada.
Mi suegra se pidió Queperí, el que sirven en TODOS los restaurantes de comida típica cruceña, sólo que el del Aljibe me gustó mucho más, más que el de la famosa Casa del que ya saben.
Mi suegro ordenó Majao de Pato: soberbio el plato.
Mi hijo, Matías, estaba fuera de sí porque se encontró con que su segundo era también un postre, se pidió Pollo a la Miel… una dulzura indescriptible que, aunque se tardó como siempre, disfrutó como nunca.
El segundo que yo pedí fue un Picante de Lengua… está bien, admito que mi Señora prepara uno que me gusta más, pero es que nadie puede superar a mi esposa cocinando mi plato favorito ¿verdad?; puedo decir, sin embargo, que el picante de lengua del Aljibe estaba realmente delicioso.
Nuestro amigo regresó durante la comida un par de veces a preguntarnos si se nos ofrecía alguna cosa y si todo estaba a nuestro gusto, a tiempo de rellenar nuestros vasos e incluso a ayudarnos con el eterno esfuerzo de hacer que Matías se apresure con su plato.
Al terminar, Jacobo se acercó a ofrecernos unos postres; voy a enumerar los que probamos: leche crema, manjar de coco, suspiros con chocolate amargo, paraguayos con dulce de leche y mermelada de “papaya y coco” con queso. En las palabras del Matías: Riquisi-nini-nísimo.
Mientras nos servíamos los postres, observamos que una señora que estaba sentada en la mesa del frente era Gisela Santa Cruz. Estaba con su marido y su bebé y cuando terminaron su almuerzo, Gisela comenzó a pasarle revista a los equipos musicales… después nos explicaron que en unos días más ella cantaría para los parroquianos de Aljibe. Habrá que ir.
Entre los platos que tiene para ofrecer hay uno que se debe pedir con dos días de anticipación por la complejidad de su preparación que, además, tarda 5 horas: El relleno de zapallo. Otro plato que tengo ganas de probar y por el cual tengo que volver un domingo es el “pipián”, receta recuperada de antaño que, según mi anfitrión, ya no se sirve en ningún lugar de Santa Cruz.
Al salir del restaurante, paseamos por los diferentes ambientes decorados con varias piezas antiguas como una radio, un teléfono de pared y otros implementos del recuerdo que daban al conjunto un toque original, de muy buen gusto y, a la vez, muy hogareño. Pudimos ver que además tenían algunos productos artesanales para vender: ropa estilo chiquitano, tablillas, escabeche de berenjena y Zucumbé en botella.
Algo así descrito debería costar un ojo de la cara y un dedo de la mano, pero no. Esperábamos “la dolorosa” y cuando llegó la cuenta nos percatamos de que la mejor comida, en un precioso ambiente y con un trato excepcional no tiene por qué ser cara.
Recomiendo El Aljibe a todos los que quieran probar la cocina típica cruceña y volver a sentir que la “ley del cruceño” sigue vigente en algún lugar de esta ciudad rodeada de anillos.
El lugar está ubicado en pleno centro de la ciudad (cerca de todo) en “plena esquina” de la Potosí y Ñuflo de Chávez.
No se van a arrepentir, ¡seguro que no!, pero vayan temprano para poder pillar la mesa “adulada” que está justo frente al pozo del patio central que le da nombre a este maravilloso restaurante de comida típica: El Aljibe.
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Estimado Sr. Alvestegui, a traves de Javier llegue a leer su articulo que escribio sobre El Aljibe, su lectura relata tal cual es el lugar y estoy de acuerdo con ud. es un lugar donde uno puede sentirse en casa y nunca mejor dicha la frase “Ley del cruceño es la hospitalidad”.
Estoy seguro de que el lugar donde fui mejor tratado de entre los últimos restaurantes a los que asistí es “El Aljibe”.
Gracias, Pilar, por pasar por este blog y dejar tu opinión. Vuelve pronto y disculpa la tardanza en la respuesta.